martes, 29 de diciembre de 2009

Ayyyyy ayyyyyy ayyyyyyy

Todavía me duele el pinchazo en el brazo izquierdo y aún creo seguir viendo aquel tubito lleno de sangre. Se termina un año. Otro año más. Y empieza otro. Un año nuevo. Hace tiempo que empiezan nuevos años pero tengo la sensación que de un tiempo a está parte cada uno se parece al anterior.
Tengo casi 23 años, en realidad casi 24, si empiezo a contar los nueve meses en la panza de mi mamá. Siempre odie eso, no contar nuestro máximo desarrollo evolutivo, mis primeras patadas, el arte de succionar y de flotar, parece que lo que no se ve, no existiera. Y sino fuera por la invisibilidad de millares de acciones de muchos y muchas las cosas a lo mejor no serían.
Hace un año también dije que había vuelto en palabras, palabras que se quedaron mudas y estancas, y me terminaron cerrando ese blog, espero tener mejor suerte con este. Igual todavía me sigo preguntando que hago acá y a esta hora volviendo a escribir… creo tener casi la aproximación correcta para dicha respuesta, tesis…
Ahí está eso es lo que me pasa me estoy escapando de empezar a realizar la Tesis, que por cierto me encanta y lo poco que hice lo disfrute muchísimo, pero en estas sesiones de auto-diagnóstico me di cuenta que tengo miedo. En realidad casi siempre tengo miedo. Pero esta vez el miedo es diferente. Empezar a hacer la tesis significa terminarla, ni hoy ni mañana pero un día que va a estar más cerca que si nunca la hubiese empezado a hacer.
Terminar significa cerrar una etapa, significa volver de cierta manera a cortar el cordón umbilical, y eso me da tremendo cagazo. Todos hablan de empezar un proceso cuando en realidad lo estás cerrando, o a lo mejor me pasa que no quiero darme cuenta de que en el instante que algo se cierra algo nuevo aparece… porque ahí aparece otro miedo, lo desconocido, al final mi viejo tenía razón “pareces un Koala pegada a mi, sos una miedosa de mierda hija”
Y si, momento de dudas, incertidumbre, miedos, encuentros y desencuentros… te despido a vos niña que entraste con tus colores, con tus canciones, con tus amores de bailanta, con el no puedo impregnado en tus labios, con el no se aflorando en la cursada, con el primer llanto de ese parcial de Derecho, te despido a vos niña que tuviste un sueño, y lo perseguiste, que te enamoraste de este sentir.
Te despido a vos niña que te temblaba la voz al decir tu primera palabra en aquella cursada, que te ponías colorada cuando te confundías de autor, que te quedabas en silencio evitando la confrontación, que te reías a carcajadas en medio de las clases, te despido y te digo gracias por haberte arriesgado, por haber perseguido un sueño, por estar a punto de alcanzarlo.
Y así, le doy la Bienvenida a está mujer que tiene menos miedos, que no deja de sorprenderse en cada acción, que ha luchado para convertirse en una profesional comprometida, te agradezco a vos y a ellos que día a día caminan conmigo los senderos en la búsqueda del desarrollo personal pero por sobre toda las cosas colectivo.

Ha vuelto en palabras

Lápiz, papel, o lo que es mejor teclado y buena música de fondo. Hoy sale Dylan... si, he vuelto a mi niñez, cuando sin saber quien era chiflaba cada una de sus canciones, porque había leído de casualidad en el libro de la vida de León que había sido su gran referente, supuse que si admiraba al discípulo el maestro sería enorme. Y lo era.

Cuando digo que volví a mi niñez, en realidad quise decir que volví en algunas situaciones. En realidad en una, tal vez la que más me caracterizaba, volví a escribir. Una vez, no hace mucho un profesor me dijo que no era tiempo para quedarme en blanco, que no podía quedarme muda, que siempre seguramente habría algo que decir. Sinceramente no creo a ciencia cierta, toda su expresión, no siempre hay algo que decir. Hoy si.

Bienvenida a la escritura me digo a mi misma, bienvenida al mundo que no debió dejarme salir, bienvenida al lujo y a la vulgaridad, escribir es eso, una sinergia temporal entre lo más simple y lo más suntuoso, entre lo más bello y lo más temible, escribir es amar, pero también odiar.

Escribir es conectarse con uno, pero también con los otros, desnudar y desnudarse, escribir no es más que una orgía de sensaciones. Si, es eso, desnudar al cuerpo, desnudar al alma, desnudar a los otros, en realidad sería desnudarlos si ellos lo permiten, sino simplemente o furiosamente es despojar y despojarse de lo más ficticio, de lo irreal de lo irreverente.

Y empezar a vibrar, acunar, dejarse traspasar por lo otro, por aquello que nunca debe dejarnos por aquello que atraviesa nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra vida. Hoy he vuelto, hoy la escritura vuelve a cruzarme por completo. Hoy vuelvo a darme cuenta que aquello que me pasa por el cuerpo, no es más que vida, y la vida tiene boca y tiene manos, que también son las mías. Y tiene al igual que yo una necesidad. Simplemente he vuelto.