martes, 29 de diciembre de 2009

Ha vuelto en palabras

Lápiz, papel, o lo que es mejor teclado y buena música de fondo. Hoy sale Dylan... si, he vuelto a mi niñez, cuando sin saber quien era chiflaba cada una de sus canciones, porque había leído de casualidad en el libro de la vida de León que había sido su gran referente, supuse que si admiraba al discípulo el maestro sería enorme. Y lo era.

Cuando digo que volví a mi niñez, en realidad quise decir que volví en algunas situaciones. En realidad en una, tal vez la que más me caracterizaba, volví a escribir. Una vez, no hace mucho un profesor me dijo que no era tiempo para quedarme en blanco, que no podía quedarme muda, que siempre seguramente habría algo que decir. Sinceramente no creo a ciencia cierta, toda su expresión, no siempre hay algo que decir. Hoy si.

Bienvenida a la escritura me digo a mi misma, bienvenida al mundo que no debió dejarme salir, bienvenida al lujo y a la vulgaridad, escribir es eso, una sinergia temporal entre lo más simple y lo más suntuoso, entre lo más bello y lo más temible, escribir es amar, pero también odiar.

Escribir es conectarse con uno, pero también con los otros, desnudar y desnudarse, escribir no es más que una orgía de sensaciones. Si, es eso, desnudar al cuerpo, desnudar al alma, desnudar a los otros, en realidad sería desnudarlos si ellos lo permiten, sino simplemente o furiosamente es despojar y despojarse de lo más ficticio, de lo irreal de lo irreverente.

Y empezar a vibrar, acunar, dejarse traspasar por lo otro, por aquello que nunca debe dejarnos por aquello que atraviesa nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra vida. Hoy he vuelto, hoy la escritura vuelve a cruzarme por completo. Hoy vuelvo a darme cuenta que aquello que me pasa por el cuerpo, no es más que vida, y la vida tiene boca y tiene manos, que también son las mías. Y tiene al igual que yo una necesidad. Simplemente he vuelto.

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